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RSS | ed. impresa | Regístrate | 10 julio 2009

Gipuzkoa

ARRASATE-MONDRAGÓN

Luis Ceciaga 'Osiña' la conservó oculta debajo de la tarima del desván durante 40 años y luego, en el año 1996, fue donada a la Fundación Sabino Arana
04.12.08 -

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La ikurriña centenaria de los Ceciaga
Iñaxio Ceciaga posa junto a la histórica ikurriña bicolor que perteneció a su padre. /OLIDEN
DV. Una primitiva ikurriña bicolor con las bandas horizontales descoloridas de tan antigua preside durante estos días los actos conmemorativos del centenario del PNV en Arrasate. La ajada enseña roja, verde y roja se guarda en el Museo del Nacionalismo de la Fundación Sabino Arana gracias a la donación realizada por la familia Ceciaga.
Los hijos de Luis Ceciaga Osiña -los divinos Imanol e Iñaki, y la hija del primero, Amaia Ceciaga Garmendi,- donaron la casi centenaria Ikurriña a la Fundación Sabino Arana en 1996 por mediación de Xabier Arzalluz. El entonces presidente del Euskadi Buru Batzar descubrió esta antigua bandera vasca en una de sus visitas al batzoki de Arrasate. Reparó inmediatamente en el valor histórico y sentimental de la misma y convenció a los familiares de la idoneidad de conservarla en el museo de la Fundación Sabino Arana.
40 años escondida
La ikurriña de los Ceciaga regresó a Arrasate el pasado martes debidamente protegida dentro de una urna de cristal. Permanecerá en el batzoki hasta mañana viernes en que será devuelta al Museo del Nacionalismo.
Su deteriorado estado de conservación y la decoloración que muestra, con el verde reducido a un amarillo tenue, dan una idea de la antigüedad de este faldón de 260 centímetros de largo concebido para su colocación en una balconada o mirador.
No hay datos precisos sobre su antigüedad, pero Imanol Divino, de 88 años, recuerda que era un niño cuando su padre Luis trajo la ikurriña de Durango tras asistir a un mitin del PNV. «Por entonces la actividad política jeltzale no estaba aún muy extendida por aquí» explicaba Divino.
Aquella enseña vasca, una de las primeras que aparecieron por Arrasate, ha tenido la fortuna de perdurar hasta hoy después de sobrevivir a 40 años de clandestinidad gracias al valor de la familia Ceciaga.
Con riesgo cierto para su vida, Luis Ceciaga, cuyo hijo Joseba fue fusilado por los franquistas en 1936 debido a su militancia nacionalista, tuvo el coraje de declararse «nacionalista hasta la muerte» ante los mandos del ejército franquista (le perdonaron la vida porque acababan de fusilar a su hijo). Y además, conservar la vieja ikurriña que muchos años atrás había traído de Durango.
En un tiempo en que todo el mundo se deshacía apresuradamente de documentos y símbolos comprometedores ante las nuevas autoridades, Luis conservó la ikurriña oculta debajo de la tarima del desván de su casa de Maalako Errabala, 1. Y allí permaneció sin ver la luz del sol hasta que la bandera vasca fue vuelta a legalizar el 19 de enero de 1977. Tan larga espera había acabado por ajar completamente la franja central verde, y este hecho a punto estuvo de jugarles una mala pasada a los Ceciaga cuando, con la mayor emoción, colgaron de su balcón familiar la vieja ikurriña aquel 19 de enero del año 1977.
Algunos ciudadanos, de forma espontánea, comenzaron a increpar a los Ceciaga por desplegar una bandera española. Algunos exaltados, en su error, a punto estuvieron de prender fuego a la descolorida enseña y, de paso, a la casa. La revuelta terminó con disculpas y excusas cuando se aclaró el desafortunado equívoco.
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