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RSS | ed. impresa | Regístrate | 9 julio 2009

Internacional

MUNDO

Miles de personas recorren la ciudad india contra Pakistán, mientras Rice reclama diálogo a los dos países
04.12.08 -

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Gritos de guerra atruenan Bombay
Encienden velas ante el hotel Taj de Bombay. /EFE
DV. Los gritos de guerra contra Pakistán durante la manifestación convocada para condenar la cadena de atentados que dejaron 188 muertos en Bombay fue la respuesta de una buena parte de los ciudadanos a la visita de Condoleezza Rice a India. «Estamos hartos de la diplomacia, queremos acción. Como no reaccionemos pronto ya será tarde, porque el próximo ataque paquistaní puede ser nuclear. ¿Qué haremos entonces?», clamaba Sumant, que tiene veinte años y «muchas ganas de ir a la guerra».
El mensaje de Rice fue bien distinto. En su reunión con las autoridades indias les trasladó la certeza de que «el tipo de ataque sufrido en Bombay es terrorismo de Al-Qaida» y que era el momento «de una colaboración transparente» entre Delhi e Islamabad para intentar esclarecer las causas de la acción yihadista. El ministro de Exteriores indio, Pranab Mukherjee, destacó, sin embargo, que «he informado a Rice de que no hay duda de que los atentados fueron perpetrados por individuos que llegaron desde Pakistán y cuyos organizadores están en Pakistán».
El Gobierno indio está bajo una fuerte presión tanto de la oposición como de los ciudadanos, que le culpan de falta de previsión y escasez de medios para afrontar una crisis como la que sacude al país. Por ello, Mukherjee no dudó a la hora de asegurar que «estamos dispuestos a actuar para defender con todos los medios disponibles la integridad territorial india y el derecho de nuestros ciudadanos a una vida pacífica». Un mensaje poco tranquilizador entre dos países que mantienen un diálogo que dura cinco años para intentar firmar una paz definitiva. Desde Islamabad, el presidente, Asif Ali Zardari, confirmó una vez más su intención de «colaborar hasta el final, lleve a donde lleve la investigación».
A muy poca distancia del hotel Taj Mahal, donde decenas de miles de personas venidas de toda la ciudad homenajeaban a las víctimas, protestaban contra el Gobierno o pedían la guerra contra Pakistán, la Policía desactivó dos bombas que los terroristas habían dejado en la estación de Chhatrapati Shivaji, uno de los diez objetivos del pasado miércoles y donde murieron 26 personas y otras 55 resultaron heridas.
Mochila explosiva
El jefe de la Unidad Criminal de Bombay, Rakesh Maria, aseguró que «la situación está bajo control» tras el hallazgo de los dos artefactos compuestos de cuatro kilogramos de RDX en una mochila. Su localización fue posible por la confesión de Azam Amir Kasav, el único terrorista que lograron detener las fuerzas de seguridad. El joven, de 21 años y de origen paquistaní, también habría declarado, según el responsable policial, que llevaba un año y medio entrenando con el grupo Lashkar-e-Taiba -organización con base en Pakistán y que lucha por la anexión de Cachemira- y que habían planeado los atentados durante tres meses.
Al caos habitual de la capital financiera india se le sumó la concentración pacífica convocada por organizaciones de toda la ciudad y que congregó a decenas de miles de personas. Niños con velas, amas de casa repartiendo panfletos, grupos musulmanes que pedían la unidad intersectaria y militantes de extrema derecha hindú gritando «¡Abajo Pakistán!» formaban una mezcla heterogénea y unida solamente por sus propios intereses.
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